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Lali tira de la brida pues, creyendo que íbamos a casa del brujo, yo había tomado esa dirección. No, Lali tira de la brida y dice: “Zorrillo.” Durante el camino, bien aferrada a mi cintura, me besa varias veces en el cuello. Yo sostengo las bridas con la izquierda y con la derecha acaricio a mi Zoraima. Llegamos al poblado de Zorrillo cuando él acaba de regresar de Colombia con tres asnos y un caballo cargado hasta los topes. Entramos en la casa. Lali es la primera en hablar, luego Zoraima.

Y he aquí lo que me explica Zorrillo: hasta el momento que lloré, Lali creía que yo era un blanco que no le concedía ninguna importancia. Que iba a marcharme, eso Lali lo sabía, pero que yo era falso como la serpiente, puesto que nunca se lo había dicho ni dado a entender. Dice que estaba profundamente decepcionada, pues sabía que una india como ella podía hacer feliz a un hombre, que un hombre satisfecho no se va, que pensaba que no había razón para seguir viviendo tras un fracaso tan grave. Zoraima dice lo mismo, y además que tenía miedo de que su hijo saliese al padre: un hombre sin palabra, falso, que pediría a sus mujeres cosas tan difíciles de hacer, que ellas, que darían su vida por él, no podrían comprender. ¿Por qué huía de ella como si fuese el perro que me mordió el día de mi llegada? Contesté:

– ¿Qué harías, Lali, si tu padre estuviese enfermo?

– Caminaría sobre espinas para ir a cuidarle.

– ¿Qué harías, si te hubiesen cazado como a una bestia para matarte, el día que no pudieras defenderte?

– Buscaría a mi enemigo en todas partes, para enterrarle tan hondo que ni siquiera pudiera revolverse en su hoyo.

– Una vez cumplidas todas esas cosas, ¿qué harías si tuvieses dos maravillosas mujeres que te esperan?

– Regresaría a caballo.

– Es lo que haré, puedes estar segura.

– ¿Y, si cuando vuelvas, soy vieja y fea?

– Volveré mucho antes de que seas fea y vieja.

– Sí, has dejado que brote agua de tus ojos, Nunca podrás hacer eso adrede. Puedes irte cuando quieras, pero debes irte a la luz del día, delante de todo el mundo y no como un ladrón. Debes irte como viniste, a la misma hora de la tarde, enteramente vestido. Debes decir quién ha de velar por nosotras día y noche… Zato es el jefe, pero tiene que haber otro hombre que vele por nosotras. Debes decir que la casa sigue siendo tu casa, que ningún hombre salvo tu hijo, si es un hombre lo que haya en el vientre de Zoraima, ningún hombre, pues, debe entrar en tu casa. Para eso, Zorrillo debe venir el día que te vayas. Para que diga todo lo que tú tengas que decir.

Hemos dormido en casa de Zorrillo. Ha sido una noche deliciosamente tierna y dulce. Los murmullos, los ruidos de las bocas de esas dos hijas de la naturaleza tenían sonidos de amor tan turbadores, que estaba conmovido. Hemos vuelto a caballo los tres, despacio a causa del vientre de Zoraima. Debo irme ocho días después de la primera luna, pues Lady quiere decirme si es seguro que está encinta. La luna pasada, no tuvo la regla. Tiene miedo de equivocarse, pero si esta luna sigue sin ver sangre, entonces es que un hijo está germinando. Zorrillo debe traer todas las ropas que he de ponerme: tengo que vestirme allí tras haber hablado como guajiro, es decir, desnudo. La víspera, deberemos ir a ver al brujo los tres. El nos dirá si en la casa deben cerrar mi puerta o dejarla abierta. Ese regreso lento, a causa del vientre de Zoraima, no ha sido empañado por ninguna tristeza. Ellas dos prefieren saberlo, que quedar abandonadas y en ridículo ante las mujeres y los hombres del poblado. Cuando Zoraima tenga su hijo, tomará un pescador para sacar muchas perlas que me guardará. Lali pescará más tiempo todos los días para estar ocupada también. Siento no haber aprendido a decir más de una docena de palabras en guajiro. ¡Les diría tantas cosas que no pueden ser dichas a través de un intérprete! llegamos. Lo primero que debemos hacer es ver a Zato para darle a entender que siento haberme ido sin decir nada. Zato es tan noble como su hermano. Antes de que hable, ya me ha puesto la mano en el cuello y dice: “Gil (cállate).” La luna nueva será dentro de unos doce días. Con los ocho que debo aguardar después, dentro de veinte días estaré en camino.

Mientras vuelvo a mirar el mapa, cambiando ciertos detalles en la forma de pasar los poblados, pienso de nuevo en lo que me ha dicho Justo. ¿Dónde seré más feliz que aquí, donde todo el mundo me quiere? ¿No voy a labrarme mi propia desgracia volviendo a la civilización? El futuro lo dirá.

Estas tres semanas han pasado como un soplo. Lali ha tenido la prueba de que está encinta. Van a ser dos o tres hijos los que esperen mi regreso. ¿Por qué tres? Ella me dice que su madre ha tenido gemelos dos veces. Hemos ido a casa del brujo. No, no deben cerrar la puerta. Sólo deben poner una rama de árbol atravesada. La hamaca en la que dormíamos los tres debe ser tendida del techo de la choza. Ellas dos deben dormir siempre juntas, pues no son más que una. Luego, nos hace sentar junto a la lumbre, le echa hojas verdes y nos envuelve en humo durante más de diez minutos. Nos hemos vuelto a casa, a esperar a Zorrillo, quien, en efecto, llega aquella misma noche. En torno de la lumbre, delante de mi choza, hemos pasado toda la velada hablando. A cada uno de los indios les he dicho, a través de Zorrillo, una palabra amable y cada uno, a su vez, contestaba también algo. Al salir el sol, me he retirado con Lali y Zoraima. Hemos hecho el amor durante todo el día. Zoraima se pone encima de mí para sentirme mejor dentro de ella y Lali se enrosca como una hiedra clavada en su sexo que late como un corazón. Por la tarde, me marcho. Traducido por Zorrillo, digo:

– Zato, gran jefe de esta tribu que me ha acogido, que me lo ha dado todo, debo decirte que es necesario que me permitas que os deje para muchas lunas.

– ¿Por qué quieres dejar a tus amigos?

– Porque es necesario que vaya a castigar a quienes me persiguieron como a una fiera. Gracias a ti, he podido, en tu poblado, estar a resguardo, he podido vivir dichoso, comer bien, tener amigos nobles, mujeres que han puesto sol en mi pecho. Pero eso no debe transformar a un hombre como yo en un animal que, por haber hallado refugio cálido y bueno, se queda en el toda la vida por miedo de tener que sufrir luchando. Voy a afrontar a mis enemigos, voy a ver a mi padre, que me necesita. Aquí dejo mi alma, en mis mujeres Lali y Zoraima, en los hijos fruto de nuestra unión. Mi choza es de ellas y de mis hijos que nacerán. Espero que tú, Zato, si alguien lo olvidara, se lo recuerdes. Pido que, además de tu vigilancia personal, un hombre que se llama Usli proteja día y noche a mi familia. Os he querido mucho a todos y siempre os querré. Voy a hacer todo lo que pueda para regresar muy pronto. Si muero en el cumplimiento de mi deber, mi pensamiento irá hacia vosotros, Lali, Zoraima y mis hijos, y a vosotros, indios guajiros, que sois mi familia.

Entro en mi choza seguido por Lali y Zoraima. Me visto: camisa y pantalón caqui, calcetines' botas hasta media pierna.

Durante mucho rato he vuelto la cabeza para ver trozo a trozo ese poblado idílico en el que he pasado seis meses. Esta tribu guajira tan temida, tanto por las otras tribus como por los blancos, ha sido para mí un puerto donde respirar, un refugio sin igual contra la maldad de los hombres. En él he encontrado amor, paz, tranquilidad y nobleza. Adiós, guajiros, indios salvajes de la península colombo-venezolana. Por suerte, tu vasto territorio es disputado y libre de toda injerencia de las dos civilizaciones que te rodean. Tu salvaje forma de vivir y de defenderte me ha enseñado una cosa muy importante para el futuro: que vale más ser un indio salvaje que un magistrado licenciado en Letras.

Adiós, Lali y Zoraima, mujeres incomparables, de reacciones tan próximas a la naturaleza, sin cálculo, espontáneas y que, en el momento de irme, con toda sencillez, han puesto en un talego de lona todas las perlas que había en la choza. Volveré, estoy seguro, de ello. ¿Cuándo? ¿Cómo? No lo sé, pero me prometo regresar.

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