– No es nada fácil hablar de esto -le dice-, pero ¿has ido a ver a un médico?
Ella se incorpora, se sienta, se suena.
– Ayer por la noche vi a mi médico de cabecera.
– ¿Y él se ha hecho cargo de todo lo que pueda pasar.
– Ella -le responde-. Es una médico, no un médico. No -y ahora se nota un deje de cólera en su voz-, ¿cómo iba a hacerse cargo? ¿Cómo va a hacerse cargo una médico de todo lo que pueda pasar? ¡No seas insensato, por favor!
Él se pone en pie. Si ella prefiere mostrarse irritada, también él puede serlo.
– Lamento habértelo preguntado -le dice-. ¿Qué planes tenemos para hoy?
– ¿Qué planes tenemos? Volver a la granja y limpiarla. -¿Y luego?
– Luego, seguir como hasta ahora. -¿En la granja?
– Pues claro, en la granja.
– Lucy, ten un poco de sentido común. Las cosas han cambiado. No podemos continuar justo en el punto donde lo dejamos.
– ¿Por qué no?
– Porque no es buena idea. Porque ni siquiera tenemos un mínimo de seguridad.
– Nunca tuve un mínimo de seguridad, y no se trata de una idea, ni buena ni mala. No voy a volver en aras de una idea, no es eso. Lisa y llanamente, voy a volver y a seguir igual que hasta ahora.
Sentada en la cama, con el camisón prestado, ella le planta cara con el cuello rígido y los ojos relucientes. No es la niña de su padre, no. Ya no lo es.