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En sólo esta mañana coloqué veintidós apuntes de don Rodrigo. A la tarde le llevé el importe y me dio una copa.

A las ocho no lo pude aguantar más y me fui donde Anita. La panoli saltó como si no me conociese. Me puse a su lado y le dije lealmente si merecía tanto castigo un hombre por querer casarse con ella como Dios manda. Dijo que de sobra sabía que no era por eso, y yo le pregunté que si por lo de las Mimis entonces. Fui a cogerle una mano y ella me dijo que nanay, mientras no hiciera lo que debía. Le pedí disculpas y ella dijo entonces que daba el asunto por liquidado. Lo hemos pasado en grande. Estuvimos en el Guinea echando unos dados. Luego, en el portal se me hace a mí que ponía cara. ¿Qui lo sa? Sentí el exprés de Galicia.

14 octubre, miércoles

Me avisó el maestro de Villagina que están concluyendo la vendimia y, a la tarde, me agarré la burra y me fui para allá. Si aguardo dos días, las ovejas se meten en los bacillares y cosa perdida. El campo, a pesar del buen tiempo, ya va para abajo. Los chopos de la carretera se deshojan y las huertas de Villavieja amarillean. Nada más apearme me recomendó un tipo que anduviera al quite, porque el pregonero del pueblo había anunciado que merodeaba por allí un perro rabioso. Le pregunté si sabía las señas y me dijo que era negro, rabón, como de diez kilos de peso. Añadió que el alcalde había prometido una recompensa a quien lo despachase. No me preocupó el asunto, pero apenas me metí en el pinar, un tazado que andaba a la miera me vino con el mismo cuento. Luego me lo volvió a repetir una cuadrilla que estaba escavanando. Me llegué a los majuelos y me puse a manearlos con calma. La Doly estaba alegre y cazaba a la mano, pero hizo dos muestras en falso y otra a un engañapastor. ¡No aprenderá nunca la condenada! En un barco caí un lebrato que venía levantado de sabe Dios dónde. Después me tiré dos horas pateando el bacillar sin resultado. Vi un bando de perdices en Pekín. También vi un zorro manco gazapeando a un kilómetro, en una pimpollada. De regreso, me topé con un perro negro, acostado junto a las ruinas del transformador. La Doly empezó a gruñir y se le pusieron de punta los pelos del espinazo. La llamé y me acerqué al paredón con tiento. El animal se incorporó con las orejas gachas y ciertamente me miraba torcido. Era rabón, de pequeño tamaño y me gibaba liquidarlo, pero en cuanto se arrancó, me armé y lo tendí de un tiro. Subí al pueblo en la bicicleta y le planté al cabo que acababa de matar un perro negro, rabón, como de diez kilos de peso. Él andaba de cháchara y no me hizo mucho caso. Se lo volví a repetir y él dijo entonces que si andaba sin dueño hice muy bien, y que no me preocupase, y que arreando. Le pregunté por el pregón y él dijo que algo decían de eso, pero que lo mejor era que enterrase cuanto antes al animal para evitar infecciones. Me volvió la espalda y yo entonces me metí en el estanco y pregunté por el alcalde. Una tía gorda me dijo que estaba en la ciudad. Le pregunté por el pregonero y me dijo que andaba a la vendimia. Ya cansado dije que esperaría, pero la tía gorda me salió entonces con que dormía en el campo mientras no concluyese la recolección. Ya de mala uva la pregunté si es que no habían dado un pregón sobre un perro rabioso, prometiendo una recompensa a quien lo despachase. La gorda parecía tolondra y me salió con que eso decían. Me puso negro, me agarré la burra y me vine para casa. En el pinar encontré a un pastor que regresaba al pueblo y me preguntó si había visto por casualidad un perro negro, rabón, como de diez kilos de peso. Me paré y él dijo entonces que llevaba diez años a su lado y en un descuido se le largó a beber a la acequia y no regresó. Le indiqué que tal vez se hubiera ahogado, pero él dijo que no porque nadaba mejor que un pez, y que si algún malnacido le había hecho daño, no le importaba terminar sus días en la cárcel. Llegué a casa de mal café. Por si faltase algo, a la madre le volvió el telele esta noche.

20 octubre, martes

Llevo unos días con pesadillas. Sin ir más lejos, anoche soñé que mataba a tiros a un perro rabioso, y cuando me llegué donde él resultó que era un pastor. Tomasito me conducía de las orejas donde el cabo, y el cabo, al vernos, rompió a reír y le dijo a Tomasito que los dos éramos responsables, puesto que el pastor tenía dos tiros. Me desperté medio ahogado. Por la tarde estuve cobrando unos recibos. Pero no pasa día sin que recuerde al perro negro de Villagina. Deben de ser los remordimientos.

Zacarías llevó la noticia al café de que la mixomatosis también ataca a las liebres. ¡La hemos pringado! Asegura que aunque las autoridades dicen que aquí no, él sabe de buena tinta que de la parte de Aragón se han dado ya varios casos. Había pensado ir con la Anita donde don Florián, pero a última hora desistí. La mujer esta a lo mejor se incomoda. ¡Cualquiera sabe!

28 octubre, miércoles

Pasé la tarde en casa de Melecio. Estaba fuera y me recibió la Amparo. La Amparín andaba en la cocina trasteando con un gazapo. Estuve un rato de palique con la Amparo y de repente se puso a llorar y salió con que tenía miedo. Ya le dije que ella siempre daba a luz bien y que esta vez además estaba poco abultada. Me dijo muy orgullosa que el médico le dice que tiene en el vientre un corsé de músculos muy majo. Luego me contó que Melecio desde lo del chavea anda como trastornado y que ahora dice que el Mele se ha vuelto a meter en el vientre de su madre y que esta vez no le hará tan faldero como la primera. ¡Buena se va a armar si sale chica! Estuve viendo la alcoba que le han preparado al chaval. Es la misma del Mele, pero toda encalada, la camita pintada de azul y las paredes cubiertas de muñecos. La dije lealmente a la Amparo que estaba muy curiosa, y como se me hacía tarde me largué. Dejé recado a Melecio de que antes de las ocho no puedo salir el domingo.

1 noviembre, domingo

Hemos andado en lo de Miranda. Subir a lo de Miranda y desatarse el frío es todo uno. Ha hecho un día perro. Recuerdo que el año pasado nos cogió allí la nieve. Anoche llevé a la madre a ver al Tenorio y me acosté a las tantas. Hoy tenía el pulso alterado y de salida se me fue una perdiz a huevo. De todos modos se me da mal este monte. A la hora de comer, Melecio había hecho una liebre. Armamos lumbre a la abrigada y estuvimos de recordatorios. Salió el Mele a colación, y Melecio anduvo diciendo que no piensa dejar al chico un solo día sin hacer gimnasia, para que no sea canijo de pecho como él, y que le enseñará a tirar con los dos ojos, porque guiñando uno difícilmente se puede ser un maestro. Sentía un frío del demonio y el cielo estaba blanco como la leche. Le di un tiento a la bota y le dije a Melecio que o tirábamos para arriba o me quedaba entumido. La Doly andaba hoy fina de vientos y se ponía loca con los rastros de las perdices. Junto a un escarbadero se desesperaba, porque quería seguir todos los rastros al tiempo. De pronto se quedó tiesa junto a un tomillo, y Melecio me voceó que anduviera al quite. Pisé el tomillo con cuidado, la perra saltó y sentí volar la perdiz. Cuando la encañoné ya noté una cosa rara, pero mientras no la vi en el suelo no me di cuenta de que fuera del pico, los ojos y las patas, que los tiene encarnados, todo lo demás es blanco. Dice Melecio que es una perdiz albina, como la que tienen los Carmelitas en el Museo. La madre me preguntó si sé lo que vale una perdiz, cuando le dije que pienso disecarla. Le conté a Anita la aventura y la panoli me preguntó que qué era una perdiz albina. La respondí que blanca, y entonces me saltó con que de qué color son las demás. Me giba lo que nadie sabe oírla hablar así, la verdad. A última hora cayeron por la Cerve la Mimi con Faustino y se aguó la fiesta. Tardé en dormirme. Entre sueños sentí el exprés de Galicia.

10 noviembre, martes

Escribe la Veva que el chaval se largó después de limpiarles la cómoda. Le está bien al Tino por confiado. La madre se llevó un berrinchín. Vino la Modes y se fue con ella a la calle. Mi hermana ofrece así un pronto áspero, pero no tiene mal corazón. La madre ha andado toda la tarde como tolondra. Malo será que no la vuelva el telele.

Llevo unos días encandilado. Estar junto a Anita no me basta. Ayer se me antojó besarla y la besé, aunque ella se resistía. Se incomodó y todo lo que se me ocurrió entonces fue agarrarla por los hombros y volverla a besar. Naturalmente tuvimos unas palabras. Dice la mujer que no me entiende a mí ni a ningún hombre, y que somos como bichos. Iba a empezar con explicaciones, pero de nada iban a servir y terminé por decirle que yo no puedo aguantar, y que llevo una temporada que a cada paso me peta abrazarla y besarla y no hay más. La panoli dijo que me comiera las ganas. ¡Qué fácil es decirlo! Aun tuve que llorarle media hora para que no llevara las cosas más lejos.

16 noviembre, lunes

Escribe la Veva. Encontraron al chavea en Guadalajara. No llevaba encima más que trescientas de las dos mil que limpió a Tino. Le han ingresado en el Reformatorio de C…

La perdiz ha quedado majilla. Melecio le puso una peana de aliso y la he colocado sobre el aparador. Hoy subieron Tochano y Zacarías a verla. Zacarías, que todo lo sabe, dice que las perdices se ponen blancas de un susto, y que si la Doly estuvo mucho tiempo sobre ella es fijo que se volvió blanca por eso. Tochano opina que es el clima, y que hay perdices blancas por la misma razón que hay hombres negros. Uno a otro se calentaron los cascos y decidieron subir el domingo a lo de Miranda a ver qué se cuece por allí.

28 noviembre, sábado

Crescencio me comunicó esta mañana que han retirado los obvencionales al personal subalterno. Éramos pocos y parió la abuela. Por lo visto van a centralizarlos para repartirlos sólo entre los catedráticos. Nos han hecho la santísima. Ahora que empezábamos a arreglarnos con lo de los recibos, esto. Razón tiene Melecio, que una casa es como un barco viejo, que cuando se tapa un agujero se abre otro en el lado opuesto. Al terminar las clases nos reunimos con el señor Moro en la Conserjería. Nos enseñó el escrito de Sevilla, donde los subalternos exponen una queja razonada al Ministerio. Traía ya cinco firmas, que con las tres nuestras hacen ocho. En la carta nos dicen que lo remitamos al Centro de Zaragoza. Así lo hicimos.

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