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Se retiró con Aisha a la cocina y lo arrojó a la basura. No estaba dispuesta a que Estanislao se llevara el flan a la boca. Ahora lo sabes.

Desde entonces, Matilde huyó al jardín por la puerta de la cocina siempre que llegaba Estanislao. Aisha entró en el juego, la avisaba cuando le oía acercarse y la rescataba de su escondite cuando ya se había marchado. Las dos mujeres se divertían con la torpeza del director.

—Corre, corre, seniorita, oigo pies en suelo de senior que pide agua y no bebe agua.

Matilde escapaba y Negritase iba con ella. Cuando Aisha iba a buscarla, tu mujer regresaba con la gata en brazos.

—¿Ves? Nigritacarinio a ti. Aisha gusta que tú carinio a Nigrita.

Estanislao continuó yendo a buscar agua fresca y marchándose sin haber bebido, hasta que un día encontró a Estela a su regreso de la playa y abandonó sus excursiones.

—¿No estás trabajando, cariño?

—Vengo del baño —le contestó, señalando la puerta de la cocina.

—¿De qué baño?

—No, es que después he ido a beber agua —su turbación le delató.

—No mientas, Estanislao.

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