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Archipiélago Gulag (1918-1956)

Alexandr Solzhenitsyn

Traductor: Josep M". Güel y Enrique Fernández Vemet, 1998

Prólogo de Raúl del Pozo

Tusquets Editores, S.A.

2002 MDS BOOKS/ MEDIASAT para esta edición

Indice

Alexandr Solzhenitsyn 1

Indice 1

Prólogo 2

Raúl del Pozo 2

ALEXANDR SOLZHENITSYN 3

NOTA A LA EDICIÓN ESPAÑOLA 5

Primera parte. La industria penitenciaria 8

1. El arresto 9

2. Historia de nuestro alcantarillado 19

3. La instrucción del sumario 53

4. Los ribetes azules 76

5. La primera celda. El primer amor 92

6. Aquella primavera 119

7. En la sala de máquinas 140

8. La infancia de la ley 150

9. La adolescencia de la ley 169

10. La madurez de la ley 188

11. La medida suprema 215

12. Tiurzak35 226

Segunda parte. Perpetuum mobile 239

1. Las naves del Archipiélago 240

2. Los puertos del Archipiélago 259

3. Las caravanas de esclavos 273

4. De isla en isla 283

Aclaraciones generales sobre la URSS 295

Glosario de nombres propios y conceptos 298

Prólogo

Raúl del Pozo

Cuando en el año 1974 se publicó Archipiélago Gulag, los españoles del PCE eran los protagonistas de la Transición, defendían los derechos humanos, la reconciliación, las elecciones libres, la amnistía y la democracia. En toda Europa, los comunistas habían sido la principal fuerza antifascista y adoraban a la URSS por ser el primer Estado obrero del planeta que había derrotado a Hitler. Eran indulgentes con la dictadura del proletariado y achacaban las purgas, el hambre y la policía secreta al aislamiento, el cerco, a la guerra fría y a la propaganda imperialista. Pero después de que se publicó Archipiélago Gulag, aunque no se leyera por decoro y disciplina, los comunistas de todo el mundo, y especialmente los de España, descubrieron que por debajo del anticomunismo doliente y lírico de Alexandr Solzhenitsyn, estaba el infierno de la verdad. Pocas veces un libro ha causado tanto dolor. Los perseguidos, torturados, encarcelados de este lado se veían a sí mismos en la reconstrucción de almas, se encontraban entre los desaparecidos y se identificaban con los 227 testigos.

Aquí a este lado del telón se defendía la libertad y se pedía la abolición de la pena de muerte, y, al otro lado de la cortina, se conculcaban todos los derechos humanos. La culpa y la mala conciencia alejaron al placer como principio de la Literatura en este libro largo, estepario, demoledor, sarcástico, sectario, pero justo.

Habían dicho los dirigentes que Solzhenitsyn era un contrarrevolucionario, pero en aquel fresco de horrores, de humillaciones y de crímenes la sangre de la pintura estaba fresca. Los comunistas que se habían dejado la vida en las cárceles y que habían gritado viva la URSS al ser fusilados adivinaron con pasmo que una policía sanguinaria, bajo diversas siglas, había organizado campos de concentración en el paraíso del proletariado.

Aunque Sartre había avisado que el estalinismo era incompatible con el ejercicio honrado del oficio literario y que sin saberlo las mejores mentes del mundo habían estado de parte del infierno, de pronto Kafka escribía no una fábula, sino una crónica. Todos los pánicos que profetizó el tuberculoso de Praga se cumplían. Por las páginas heladas del Archipiélago cruzaban caravanas de esclavos, riadas de prisioneros, campos de concentración, trabajos forzados. Por la Lubianka no pasaban sólo los trotskistas y los espías, sino los mejores bolcheviques, los escritores, los comisarios, los maestros, los soldados y los héroes de guerra. "Por encima del bozal de nuestra ventana, de las demás celdas de la Lubianka, y de todas las cárceles de Moscú, también nosotros ex combatientes en el frente contemplábamos el cielo de Moscú, engalanado por los fuegos artificiales y sesgado por los reflectores".

El libro decía con un texto doliente que el estalinismo había sido una inmensa checa que trituró a creyentes, a héroes antifascistas, a obreros de los koljós y a los intelectuales que pensaban por su cuenta. Provocó el fin de la borrachera rusa a aquellos que pensaban que nuestro vino es amargo pero es nuestro.

Los intelectuales comunistas tuvieron la impresión de haber escrito de rodillas, como Fray Angélico pintaba. El miedo, el instinto de conservación, instinto animal compartido por todos los seres humanos, fue utilizado por unos rufianes de la checa para destruir a la gente obligándola a aceptar compromisos morales menores. Unas veces era colocar un cartel en el escaparate, otras dice Havel firmar una petición denunciando a un colega por hacer algo que al Estado no le gustaba, otras permanecer silencioso cuando un colega era perseguido injustamente. El estalinismo trató de convertir a todos en cómplices morales. Hubo muchos disidentes -Pasternak, Vladimir Bukovski, Sajarov, el propio Havel, antes Trotsky -, pero el disidente por excelencia es Solzhenitsyn, que nos habló de que el comunismo, acelerón en la historia, se había corrompido en la estepa. Unos años más tarde aquel archipiélago se desheló. Murió el comunismo, no nació nada nuevo, volvieron los dioses y los popes, pero los seres humanos nunca podrán olvidar aquel "sorprendente país de geografía dispersa como la de un archipiélago y, al mismo tiempo, con una presencia en las mentes tan compacta como la de un continente, un país casi invisible, poblado de la estirpe de los zeks" que afloró después de que Jruschov leyera el Informe Secreto del XX Congreso delPCUS. Alexandr Solzhenitsyn ha hecho más anticomunistas que toda la CÍA. Su libro cambió la vida a mucha gente, al estilo de aquellos libros que llevaron a Santa Teresa o a San Ignacio por el camino de Dios. La fábula tiene una honda raíz religiosa y la escritura es terribley hermosa.

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